jueves, 19 de septiembre de 2013

Derramando pétalos

Romper una flor no es sólo deshojarla.
     Romper una flor es más que maltratarla.
     Pero ella vio como la brisa creciente acariciaba los pétalos del crisantemo de la ventana, y presa de la rabia, lo tomó en sus manos y sus dedos destrozaron la flor.
     Los pétalos cayeron a sus pies, danzando, haciendo piruetas en el aire. Conforme sus gritos se alejaban y los sollozos afloraban, las suaves hojas blancas yacieron en el suelo, muertas e inertes, rodeándola.
     Arrojó el tallo lejos, y se apoyó en el aféizar buscando cobijo. Le temblaban las manos y su vista nublada se negaba a observar el estropicio.
     Una vez más, de un impulso se había valido... Y había acabado con lo único que podía brindarle consuelo.
     Al momento, escuchó su nombre bajo la ventana, pronunciado de aquellos labios, incomprensibles y pronto olvidados.
     Y le pedía perdón, como ella se lo pedía a la flor, después de derramar sus pétalos de terciopelo.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Una historia más real


‹‹Sólo para mí››, dijo.

‹‹Sorpréndeme››, me retó.

En realidad me alentaba. Sus ojos melosos habían adoptado una súbita expresión curiosa y su sonrisa a medio esbozar dejaba a la luz una ligera inquietud.

¿Quieres algo para ti? pregunté retrocediendo un paso. La moqueta era suave y bajé la mirada tan sólo un segundo.

asintió , tuyo para mí me señaló el corazón con el dedo índice . Un regalo de aquí.

Tragué saliva y lo miré, pero sin poder ocultar el desconcierto.

Siento decirte… que no trabajo por encargo me crucé de brazos y él regresó al escritorio, giró la silla y continuó leyendo el manuscrito.

Eres capaz de escribir historias de amor que de verdad encogen el corazón, te aceleran el pulso y te hacen reflexionar, ¿pero no puedes escribir tu verdadera historia de amor?

Ajá. Fue sin más. Lo dijo sin maldad, sin malas intenciones. Simplemente dijo la verdad que pensaba.

No me miraba. El reflejo brillante de sus pupilas oscuras sobre la pantalla del ordenador me atravesaba el alma. Y aunque sabía que leía, aquel destello oscuro me provocó una punzada de apocamiento tan profunda, que noté el rubor tintando mis mejillas. Inmediatamente me cubrí la cara con las manos y me dejé caer en el sofá.

¿Escribo sobre amor que puede encoger realmente el corazón?

Entonces sí, giró y se colocó de frente, a dos metros de mí. Relamió sus labios resecos mientras su mirada intensa y pensativa me escudriñaba.

La pregunta no sería esa. Sería: ¿A ti se te encoge el corazón al escribir estas historias? preguntó señalando la pantalla plagada de palabras negras flotantes en un documento Word.

Sabía la respuesta, por eso me hacía la pregunta.

Claro respondí. Me sentía arder y no entendía por qué , yo las escribo.

Él esbozó una sonrisa perfecta y solté el aire que sin querer retenía en el pecho.

Pues entonces ladeó la cabeza y pasó una mano por su cabello castaño sí que encoges el corazón con tus historias.

Definitivamente, mis mejillas no eran las mías. Estaba segura de que el color que lucían no era nada atractivo para unas mejillas que suelen presumir de aspecto pálido.

Él quería otra historia. Una historia de amor que encogiera el corazón y que acelerara el pulso. Una que te hiciera pensar, pero también que te hiciera reír, que te hiciera llorar, que te hiciera ver, que te enseñara a creer, a volar, a crecer… Y no era una historia muy diferente a las otras, pero sí más especial.

No había que cavar muy profundo para encontrarla. Estaba allí, justo delante de mí, recorriéndome poco a poco y derritiéndome lentamente, haciéndome a fuego tortuosamente lento y… sacándome partido. Sí, me hacía sentir increíblemente brillante. En aquel instante me sentía como un diminuto farolillo reluciendo en una habitación enorme, pero mi luz podía llegar hasta la última esquina para hacerla centellear.

Sólo para mí repitió.
 

 

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Adicción


 

Son varios los síntomas que se reflejan en cada poro del cuerpo, en las pupilas dilatadas y negras, en el sudor descontrolado…

Respiras demasiado rápido de golpe y no se puede controlar. Algo ajeno a ti, a tu cuerpo, parece haber cogido las riendas. Tu control se ha desvanecido, no está. Simplemente… incontrolable.

El aturdimiento es momentáneo, o eso crees.

Intentas convencerte: ‹‹Estoy bien. No necesito más››

Es mentira.

El corazón va desbocado, a su maldito y desenfrenado ritmo. Bombea como desesperado y la sangre te golpea las sienes, la cabeza, el cuello, las muñecas… Por todas partes. Y sabes, que a cada latido, te infestas más. Más y más…

Pero… caer de rodillas no es para nada doloroso. Es peor cerciorarse de que tu cuerpo no quiere saber nada de ti. Tú no le vales. Pide algo, y no precisamente a ti.


El cerebro es un maldito caos. Impone su autoridad, y a eso, casi nada puede vencer. Le chillas y no te escucha. Le hablas y le ruegas, pero se ríe de ti y se burla de tus capacidades, pues te limita.

El momento llega y ya todo es insoportable. El sol no brilla con la misma fuerza, ni con la misma luz. Su perfil es feo y ni siquiera da calor. Todo parece de mentira, ¿a caso no será todo falso? ¿Somos nosotros mismos reales?
 
Más, más. Lo necesitamos.
 
Dibujo por Compases Rotos
La sangre circula cada vez más deprisa y la presión hace daño. Nuestro cerebro sabe lo que quiere y nos tiene presos de su necesidad.

P.D: Aquí está la entrada con la palabra ganadora de la encuesta. ¡Gracias a todos los que habeís votado y colaborado!

lunes, 2 de septiembre de 2013

Open your eyes


 
Todo esto es tan extraño, tan irreal... Los tacones altos y negros desparramados por el suelo, entre la ropa. Mi ropa.
     Sin vestido, sin enaguas, sin tul, sin medias, con mi piel... Piel que por un momento de estremecimiento se siente extraña y tiembla por la temperatura. Pero, no me siento extraña, es mi piel. Soy yo. De negro y de . Con vestido o sin él. Porque siempre soy yo, en todo momento yo. Soy una princesa y quiero que lo veas.
     Quiero tanto que abras los ojos, porque quiero que me mires, quiero que me mires a los ojos.
     Dime que abrirás los ojos. Dímelo.
     Me duelen los huesos y mi piel está helada, pero sonrío porque sigo siendo yo. Sonrío al tul del suelo, me burlo de los tacones altos y tiro las medias rotas. Soy yo. De negro, de . Con vestido o sin él. Soy una princesa y quiero que lo veas.
     Me estoy cansando, porque quiero tanto que me mires a los ojos... Quiero que me mires.
     Dime que abrirás los ojos. Dímelo.
     Mientras espero, sonrío. Como todas, todas las princesas.
     Y entonces, lo haces, me miras... y sonríes.

P.D: Open your eyes by Snow Patrol