Son varios los
síntomas que se reflejan en cada poro del cuerpo, en las pupilas dilatadas y
negras, en el sudor descontrolado…
Respiras
demasiado rápido de golpe y no se puede controlar. Algo ajeno a ti, a tu cuerpo,
parece haber cogido las riendas. Tu control se ha desvanecido, no está.
Simplemente… incontrolable.
El
aturdimiento es momentáneo, o eso crees.
Intentas
convencerte: ‹‹Estoy bien. No necesito más››
Es
mentira.
El
corazón va desbocado, a su maldito y desenfrenado ritmo. Bombea como
desesperado y la sangre te golpea las sienes, la cabeza, el cuello, las
muñecas… Por todas partes. Y sabes, que a cada latido, te infestas más. Más y
más…
Pero…
caer de rodillas no es para nada doloroso. Es peor cerciorarse de que tu cuerpo
no quiere saber nada de ti. Tú no le vales. Pide algo, y no precisamente a ti.
El
cerebro es un maldito caos. Impone su autoridad, y a eso, casi nada puede
vencer. Le chillas y no te escucha. Le hablas y le ruegas, pero se ríe de ti y se
burla de tus capacidades, pues te limita.
El
momento llega y ya todo es insoportable. El sol no brilla con la misma fuerza,
ni con la misma luz. Su perfil es feo y ni siquiera da calor. Todo parece de
mentira, ¿a caso no será todo falso? ¿Somos nosotros mismos reales?
Más,
más. Lo necesitamos.
| Dibujo por Compases Rotos |
La
sangre circula cada vez más deprisa y la presión hace daño. Nuestro cerebro
sabe lo que quiere y nos tiene presos de su necesidad.
P.D: Aquí está la entrada con la palabra ganadora de la encuesta. ¡Gracias a todos los que habeís votado y colaborado!
